Resolvemos los problemas con inteligencia y sentido del humor

martes, 10 de febrero de 2015

Todas las parejas tienen diferencias. La manera que tengáis de aceptar y resolver vuestras divergencias es de gran importancia. Los factores que llevan a impedir que un problema concreto y real se resuelva, acostumbran a ser los siguientes:

A) Deformar la realidad: Generalmente exageramos y agravamos los hechos porque de alguna forma sentimos que la otra persona nos ha hecho daño. Tenemos tendencia a exagerar el error del otro para que lo reconozca y nos pida disculpas. Pretendemos herirle porque el otro nos ha herido primero a nosotros. Y cuanto más exageramos nosotros su fallo, más tiende el otro a quitarle importancia (por aquello de la ley del equilibrio).

B) Almacenar el problema en la memoria: Si acostumbras a guardar los problemas, y a sacarlos a flote en el momento más oportuno para ganar una batalla, estás indicando con tu conducta que internamente no has resuelto los problemas vividos. Quizá con esta actitud ganes pequeñas batallas, pero lo que al final pierdes es la guerra; porque el almacena-miento de recuerdos negativos lleva, en el mejor de los casos, a la infelicidad.

Para resolver los problemas con inteligencia, es imprescindible aceptar que, en la mayoría de las ocasiones, no tenemos ni culpa ni razón. Seguramente nos encontramos a medio camino; es decir, tenemos un poco de razón y somos responsables de algunos fallos. Una vez integrada esta premisa, podemos preguntarnos: ¿Qué debemos hacer para resolver eficazmente las diferencias que aparecen en la relación? Te enumero en «plan telegrama» algunas conductas que facilitan el arreglo justo y equilibrado de las situaciones dolorosas. Si nos sentimos heridos por el comportamiento del otro, lo que podemos hacer es:

  1. Dar un valor real a lo que ha ocurrido.
  2. Frenar y controlar nuestros impulsos de atacar.
  3. Dejar de juzgar la conducta del otro. Utilizar nuestra capacidad de comprensión.
  4. Aceptar nuestra parte de responsabilidad. ¿He invitado al otro a dañarme?, ¿cómo?, ¿qué he hecho yo de incorrecto?, ¿qué porcentaje de responsabilidad me corresponde a mí?
  5. Encontrar el momento favorable para dialogar: - Creo que mi error fue… - ¿En qué piensas que te has equivocado tú?
  6. Pedir al otro un cambio de conducta haciéndolo con gran respeto.
  7. Cambiar nuestra actitud frente al hecho doloroso. Tomar una decisión que nos haga sentirnos bien.
Comenzaré explicándome con mayor detalle sobre algunos de estos puntos.

Yo doy un valor real al hecho ocurrido

Como señalaba unas líneas atrás, la mayoría de las personas, entre las que me incluyo, tendemos a exagerar y a agravar los sucesos que hemos vivido como dolorosos. Un método sencillo, que yo uso personalmente y enseño a mis clientes, con el fin de dar un valor justo a los hechos, es responder a la siguiente pregunta: Entre 0 y 10, ¿qué puntuación de gravedad otorgo a esta conducta y otorgarían conmigo la mayor parte de las personas?

Ten en cuenta que en una encuesta pasada a un centenar de personas, la puntuación máxima de gravedad, o sea 10, la obtuvieron hechos tales como una puñalada, una paliza, que dañen a un hijo u otro ser querido. Otras conductas, como un insulto, un desprecio o un engaño obtuvieron puntuaciones entre 6 y 8.

Así que, si le das el justo valor a esa frase que te ha dicho tu compañero podrás frenar y controlar tu ira con más facilidad.

Paco había hablado así a María: «Eres una inmadura. Te dejas dominar por lo que dice tu madre». Esta frase le había dolido mucho a María y estaba realmente furiosa cuando me relataba la escena. Cuando le hice la pregunta del valor real de gravedad, puntuó con un 5 la mayor parte de las cosas que ocurrieron… y después añadió: «Pues no es tan grave». Más tarde aceptó la parte de realidad que tenía la afirmación de Paco. «Creo que soy un poco inmadura y valoro que la influencia negativa de mi madre sobre mí es de un cincuenta por ciento.» Ya estaba más serena; con toda esta información se sentía en disposición de dialogar con Paco de una forma razonable; quería averiguar la verdadera causa de aquel altercado con la finalidad de darle una solución. Además acababa de descubrir cómo ella había provocado a su marido con su conducta. Dialogaron y llegaron a conclusiones positivas para ambos.

Elena Llanos © 2015 - Barcelona


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