Algunas actuaciones elegidas por una persona feliz - Parte 2

martes, 29 de enero de 2013

Tratarse con delicadeza
Tienes muchas razones para cuidarte bien: Eres valiosa e importante, te lo mereces y no esperas ni pretendes que otros hagan lo que puedes hacer tú. Te atiendes a cualquier hora, cuando realmente lo necesitas. Recibes tu propia llamada, valoras los datos, te preguntas ¿puedo esperar o debo acudir de inmediato?, ¿es una urgencia o mi pedido puede esperar?, ¿es justo para mí que me lo de?,¿a quién es prioritario que atienda?. Escoges cuándo y cómo vas a satisfacerte. Nunca te olvidas de tí excepto en casos extremos.

Mimas tu cuerpo, no para prevenirlo de ninguna enfermedad sino para conservar la salud, por el placer de cuidarlo. Qué agradable es caminar, hacer deporte, hidratar y nutrir la piel, comer equilibradamente…, etc. Te gusta enterarte de cosas nuevas que hacen más saludable tu vida.

Alimentas tu mente con los mejores productos que encuentras: ideas sanas, música, libros y lecturas enriquecedores, diálogos estimulantes…. Te formulas interrogantes y buscas darles respuestas. Estas abierto al desarrollo y cerrado al retroceso.

Compartir alegrías
Comunicas la fuente de tus satisfacciones a tus amigos. Deseas conocer la causa de sus alegrías. Has observado que este intercambio intensifica la relación. Te unes profundamente a aquellas personas que disfrutan con tus éxitos, que esperan de tí que rías y que seas feliz.

No sientes envidia del placer ajeno, ni temes que nadie te robe el tuyo. Tu felicidad está dentro de tí. Cuando compartes tus alegrías notas cómo aparecen nuevas satisfacciones: la intimidad, el amor.Ríes a pierna suelta, a veces solo y otras a dúo o trío….

Actuar para ser bien tratado
Como te valoras sabes muy bien cómo enseñar a los otros a que hagan lo mismo. No permites ser tratado injustamente ni que haya quien te tome por una basura en la que abocar los desechos.

Cuando alguien te dice “Eres tonto” respondes con firmeza y sin enojo: “No, no soy tonto, he cometido un error” y prosigues tu tarea. Si tu compañero grita y te insulta adoptas una postura enérgica y reposada. Al llevarla a la práctica careces de rabia. Puede ser que le digas: “Podemos seguir conversando cuando hables serenamente” y acto seguido sales de la habitación. No precisas ponerte a su altura dando un portazo o alzando la voz.

Quizás posees una lista de truquitos eficaces para frenar los intentos de manipulación. Eres consciente de que tus enemigos son aquéllos que quieren dominarte y no estás disponible para ello. Has aprendido a no someterte sin someterte tú, no estás en la disyuntiva “o domino o me dominan”.

Elena Llanos © 2015 - Barcelona


Ir arribaContacto