martes, 14 de octubre de 2008

Es difícil ser feliz cuando una persona lleva en su interior odio y resentimiento. La persona que lleva a cuestas un gran resentimiento es aquella que no ha perdonado; es aquel ser humano al que alguien ha dañado voluntaria o involuntariamente pero que por alguna razón no ha aprendido a perdonar. Si odias a todo el que te daña tendrás que odiar a todo el mundo incluido a ti mismo.

Perdonar nos hace felices.
Me perdono y perdono; soy libre para amar y disfrutar la vida sanamente.

Seguro que todos debéis haber escuchado en algún lugar que el tiempo lo cura todo, pero no es así. Es cierto que el dolor de una herida se va diluyendo con el paso de los años, pero a menos que estemos decididos a perdonar y a perdonarnos; el odio, la culpa, la tristeza y la amargura no acaban de abandonar totalmente nuestra alma.

Como explica muy bien Adam J. Jackson en “Los diez secretos de la abundante felicidad”. La clave del perdón no está en el paso del tiempo sino en la comprensión. Aquí tenéis algunas ideas de este libro. Los indios sioux tienen una oración maravillosa:

Oh, Gran Espíritu, apártame de juzgar o criticar a otro mientras no haya caminado en sus mocasines durante dos semanas.

Con frecuencia culpamos a otros, pero nunca podemos estar seguros de que en las mismas circunstancias externas e internas, nosotros reaccionaríamos de un modo diferente. El perdón libera a nuestra alma del odio y crea un gran espacio para que pueda entrar el amor a nuestra vida.

El perdón nos aporta felicidad.

Quien sufre por no perdonar eres tu mismo. Quien no perdona lleva encima un gran paquete de dolor. Un paquete muy pesado; un paquete que resta mucha energía.

El perdón lo libera todo.

Los errores y los fallos son lecciones que nos da la vida. Perdónate a tí mismo y perdona y perdona.

Perdonar es un proceso.

De este proceso os hablaré en otro momento.

Elena Llanos © 2015 - Barcelona


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